Problemas en Elche. Una niña de diez años lleva semanas desaparecida. Paralelamente, el fundador de la asociación ufológica OVNI Levante ha fallecido de forma inesperada. ¿Existe alguna relación entre esos dos hechos? ¿Qué pasa con las esfinges? ¿Por qué esa periodista habla tan mal? Y lo más importante de todo, ¿qué problema hay con los ojos?

Vale, llevo como diez minutos intentando redactar una sinopsis más o menos atractiva y eso es lo máximo que he conseguido. Lo siento.

Pero es que Espíritu Sagrado es así, inclasificable, marciana, y por eso cuesta tanto explicar de qué va, o al menos hacerlo de forma que resulte atrayente. Porque la película es magnífica, pero también es realmente fácil no conectar con ella, de modo que es complicado venderla.

Después de verla tres veces, puedo decir que se trata de uno de esos títulos que requieren varios visionados para poder extraerle todo el jugo, ya que contiene una considerable cantidad de detalles y referencias minúsculas que pasan desapercibidos la primera vez, y que conforme nos vamos familiarizando con la historia y sus imágenes, más ágil se nos hace la labor de conectar los puntos que dan forma a este pequeño puzle costumbrista y aterrador.

Por tono, estética y temática, es fácil comparar la ópera prima de Chema García Ibarra con otra gran película del cine español de los últimos años. Me refiero a Diamond Flash, de Carlos Vermut. Dos títulos que hablan sobre un horror cotidiano y palpable (no hay más que poner las noticias), pero salpicado de humor, porque la vida es así. Pasamos de la risa al drama, y del absurdo a la tragedia en cuestión de minutos. Esa es la sensación que, parece, Ibarra ha querido generar.

En lo personal, siento predilección por este tipo de cine que nos lleva directamente al lugar, donde casi todo nos resulta cercano y creíble y hasta sabemos cómo huelen las cosas, y a pesar de que a lo largo de la historia suceden momentos que rozan el absurdo y desfilan personajes que parecen sacados de Twin Peaks, estamos dentro y no nos cuesta nada creernos lo que nos están contando. Y es que ya hemos vivido lo suficiente para saber que esos personajes estrafalarios existen en la realidad, que nos los hemos cruzado, y que las situaciones surrealistas están a la orden del día. Quizá eso es lo que hace que Espíritu Sagrado resulte extraña y absurda: no es habitual que el cine muestre la verdad de una forma tan cruda y directa, con sus luces y sombras. Ese contraste incómodo. Y cuando lo hace nos suena raro, como cuando vemos una película en versión original tras años de escuchar doblaje. A todo esto hay que añadir un detalle que para algunos será un espanto y para otros un curioso aliciente, y es la ausencia de actores profesionales. Esto hace que la experiencia sea una montaña rusa (como si no lo fuese ya todo lo demás), con momentos que transmiten naturalidad gracias a la autenticidad de los intérpretes y su falta de pretensiones, pero también algo de marcianada debido, justamente, a lo mismo. Y sé lo que estáis pensando: que estoy dando rodeos con tal de no admitir que los actores son malos… Pero es que no son actores, por lo tanto, no pueden ser malos actores. Es gente recitando diálogos bajo las directrices de Chema García Ibarra. ¿Malas interpretaciones? No, interpretaciones extrañas que enrarecen el conjunto, y eso me parece fenomenal en este contexto. Todo esto, sumado a un estilo visual estático, como de viñeta, puede hacer que nos vengan a la memoria los cómics de Daniel Clowes. O al menos yo no he parado de acordarme de ellos, y más concretamente de Ghost World y Como un guante de seda forjado en hierro, a pesar de que, argumentalmente, no tienen nada que ver.

Espíritu Sagrado revuelve los horrores de la crónica negra española de los ochenta y noventa, pero lo hace sin recurrir a lo explícito. Aunque la película está ubicada en el presente, todo tiene un aire atemporal. Resulta imposible no recordar los turbios acontecimientos sucedidos en la zona de Levante durante los ochenta y noventa, desde Macastre y Alcácer, hasta la desaparición de Gloria Martínez y otros muchos crímenes sin resolver.

Ibarra nos habla del mal, y de cómo este puede adherirse con sus tentáculos donde sea necesario con tal de alcanzar su objetivo. El mal y la podredumbre humana acechan ahí, tras la fachada del barrio tranquilo y aburrido en el que no sucede gran cosa, como ya nos explicó David Lynch en Terciopelo Azul. Una gran película que no sólo considero buena, sino importante.

Deciros también que la editora 39 Escalones la acaba de editar en Blu-ray. Dos discos, un montón de extras, incluidos los cortos de Chema García Ibarra y un libreto firmado por Santos Zunzunegui. Yo ni me lo pensaría.