Crítica de Psycho Killer (2026, Gavin Polone)

Psycho Killer

Psycho Killer arranca cuando un asesino en serie adorador de Satán siembra el pánico y deja tras de sí un rastro de cadáveres. La agente Jane Thorne, quien ha perdido a su marido a manos de este asesino, irá tras él pare detenerlo.

Hay que decir que Psycho Killer no ha llegado de forma triunfal. Tras una interminable colección de reseñas negativas y notas bajas, ha aterrizado a España de la peor forma posible: directamente a plataformas, sin pasar por cines. Y todo esto me parece una verdadera lástima, empezando por su no estreno en salas y continuando por la constante paliza recibida a manos de la crítica, que provocará que muchos espectadores la ignoren, cuando en realidad es una película bastante más disfrutable de lo que nos están intentando hacer creer. Es rarísimo que me deje guiar por las malas notas, y viendo ejemplos como el de Psycho Killer, menos me dejaré influenciar de ahora en adelante. Basta con echar un vistazo rápido en Internet para comprobar la cantidad de notas bajísimas que ha recibido de forma inmisericorde, y si bien no estamos ante una de las películas del año, incluso diría que se trata de un título que caerá en el más oscuro de los olvidos, me parece innegable que también es una película con los suficientes aciertos como para salir a flote. Es agotador vivir en esta época polarizada de blancos o negros, donde todo aquello que no sea una obra maestra, pasa a ser una basura, como si entre medias no pudiese haber nada.

Quizá para el espectador medio esto no sea un condicionante, pero para quienes estamos más metidos en estas cosas del cine y tenemos en cuenta nombres de directores, guionistas, etc, saber que el autor del guion de Psycho Killer es Andrew Kevin Walker puede ser… contraproducente. Estamos hablando del guionista de títulos tan notables como Asesinato en 8 milímetros (Joel Schumacher, 1999), Sleepy Hollow (Tim Burton, 1999), El hombre lobo (Joe Johnston, 2010) o directamente una obra maestra como Seven (David Fincher, 1995). Con estos títulos a sus espaldas, uno esperaría mucho más, es obvio y las decepciones están justificadas. Pero una vez que asumimos que Psycho Killer está más cerca de la Cannon Films o de la locura slasher de Mil gritos tiene la noche (Juan Piquer Simón, 1982), y sin que esto signifique algo negativo, creo que lo más inteligente es dejarse llevar y aceptar que este viaje va a ser sencillo, directo y vacío; noventa minutos de asesinatos, clichés, destellos de chifladura (lo del cura es maravilloso, sin pizca de sarcasmo), otros destellos de buena mano tras la cámara y un ritmo perfecto que se beneficia de su escasa duración.

Psycho Killer es como un direct to DVD de los 2000 pero con la estética de una producción mucho más generosa. Un slasher que quiere ser un thriller policíaco, o quizá un thriller que se recrea tanto en su imponente villano, esa especie de Anton Chigurh satánico, que acaba siendo más slasher que otra cosa. Y aunque la película no termina de ser ni lo uno ni lo otro, algo que por norma general suele molestarme que ocurra, en este caso he conectado. Al final de todo soy un espectador simple, y si me das un asesino en serie con una máscara de gas, imaginería satánica, muertes brutales y un par de ideas locas, me tienes en el bolsillo.
Estamos ante la típica película que podría haber sido muchísimo mejor, más aun sabiendo quién la escribe, pero de nada sirve juzgarla por lo que no es. Prefiero quedarme con lo que de verdad me interesa: el buen rato que he pasado durante su escasa hora y media. No tengo derecho a machacarla ni a no recomendarla, siempre que se tenga claro qué tipo de película es. Y no olvidemos que viene fenomenal dejar a un lado las gafas de pasta, al menos de vez en cuando.

Por Narciso Piñero

Me alimento de cine, libros, tebeos y buena música. Autor de dos novelas: Juggernaut y Jugando con Claudia. Escribo críticas y artículos de cine donde me dejan.