Crítica: ‘Muñeco Diabólico 2’ (1990, John Lafia)

Muñeco Diabólico 2

Chucky ha vuelto. El famoso muñeco asesino de sonrisa satánica resucita en este nuevo episodio. A pesar de que en su última escapada quedó totalmente achicharrado, Chucky resurge de sus cenizas cuando una fábrica de juguetes decide reconstruirlo para acabar con la mala publicidad que la rodea. Chucky vuelve a estar entero y sigue la pista de su presa hasta una familia de acogida…

Director: John Lafia.
Reparto:
 Brad Dourif, Alex Vincent, Jenny Agutter, Gerrit Graham, Christine Elise, Grace Zabriskie, Peter Haskell, Beth Grant, Greg Germann

“Pinocho saltó de alegría gritando, ¡Estoy vivo, estoy vivo!. Luego Pepito Grillo dijo: Si eres muy, muy bueno, y prometes no decir mentiras entonces te convertirás en un niño de carne y hueso.”  Señorita Kettlewell (Beth Grant).

Chucky vuelve a estar entero y con ganas de acción. Sigue la pista de su presa, Andy, hasta dar con la familia que lo ha adoptado, iniciándose así una gran cantidad de desgracias con generosas dosis de sangre y mala leche. Es una secuela que evoluciona dirigiendo la historia original hacia un terreno mucho más escabroso y a la vez irónico, cumpliendo de sobras con su cometido principal: entretener.

Es evidente que la historia que narra esta secuela no tiene la “originalidad” ni el suspense de la primera hora de la anterior entrega, pero en cambio supera a ésta con creces en lo respectivo a mala leche, presentando a Chucky como maestro de ceremonias y gran protagonista principal de la cinta. Un personaje mucho más desesperado, violento, sádico y radical que el visto en la primera parte, quedando en esta entrega todavía más patente la falta de pretensiones de la saga y su compromiso fiel con el entretenimiento sin mayores pretensiones, destinado sobre todo a aficionados al terror con ganas de pasarlo bien.

El hecho de que parta de una historia ya narrada no condiciona ni es un handicap para el resultado final, ya que mientras el film original contenía momentos algo tediosos y pecaba en cuanto a falta de ritmo, aquí tenemos el camino allanado para dar rienda suelta al gamberrismo muñequil, centrándose más en el personaje de Chucky, mostrando su evolución como asesino total contado desde una historia desenfadada que aúna acción pura y dura sin concesiones con un humor negro que solo volverá a repetirse en la saga en su cuarta entrega.

Y es que Muñeco Diabólico 2, aunque a priori pueda parecerlo, no es una cinta con finalidad puramente económica (al menos no en parte). Es una secuela que lleva con orgullo la etiqueta de cinta de terror de serie B, nada conformista con lo visto en su antecesora y sobre todo con un muñeco cuyo diseño es mucho más terrorífico a la vez que desagradable y con secuencias para el recuerdo como la del “castigo” con la regla a la señorita Kettlewell (profesora de Andy) o toda la memorable y sublime secuencia final en la fábrica de juguetes.

En cuanto al trabajo de Lafia, pues nada del otro mundo, aunque resulta muy bueno para Muñeco Diabólico 2, predominando unos contrapicados en ocasiones demasiado exagerados y los planos cortos o generales en los ataques del muñeco. El marcado look ochentero aguanta bien el paso del tiempo. El guión de Don Mancini -creador de Chucky-, es sin duda el mejor de toda la saga por ahora, conteniendo a partes iguales diversión, terror, humor negro y acción. Resulta curioso como en esta entrega se narra todo desde el punto de vista del muñeco, desde sus inicios hasta el funesto final, además de contener algunas muestras de simpatía hacia el personaje de Chucky como el tipo de personajes a las que asesina en esta entrega, todos ellos detestables.

Todos esos personajes son perfectamente asesinables dentro de las reglas del cine de terror de serial killers: profesoras insoportables (con Beth Grant haciendo un papel similar -y tan odioso- al que haría muchos años después en Donnie Darko (Richard Kelly, 2001)), padres adoptivos (este tipo de personajes siempre pillan), un empresario de la compañía y hasta un Good Guy sin alma que es machacado por el supuesto símil.

Muy acertada es la memorable secuencia final en la fábrica, cuando Chucky, una vez que sabe que jamás podrá abandonar el cuerpo del muñeco (a la vez que haciéndose humano y mortal), desesperado sigue a Andy para acabar con él, pues le considera el máximo culpable de que haya pasado demasiado tiempo atrapado en el cuerpo del muñeco.

Mientras al inicio del film veíamos como poco a poco iban reconstruyendo a Chucky pieza por pieza, en la fábrica vemos como es de nuevo metido en una máquina y “rediseñado” desuniendo todas sus partes y volviéndolas a unir pero de forma caótica y destructiva. Es como un retorno al estado del que jamás debía haber salido.

En Muñeco Diabólico 2 vemos a un Chucky que cumple como playmobil sangriento, el cual se autocompleta con un cuchillo como garfio (una vez perdida la mano). El guión juega mucho con la “transformación” del muñeco adoptando cada vez más su original naturaleza humana (ver la cantidad de hemoglobina en el final de la cinta, nada que ver con la original light) y con la perversidad. Chucky no deja de ser una especie de Pinocho cabrón el cual jamás conocerá a su Hada azul (que podríamos representar metafóricamente en la transfusión de su diabólico espíritu a un ser humano).

Mención especial a la parte en donde una máquina le cose la entrepierna a Chucky mientras éste grita de dolor, que supone un guiño a la máquina de coser en el asesinato de la madre adoptiva de Andy.

La escena, en la que Chucky destroza y entierra a su alter ego Good Guy resulta ser como una metáfora de lo que realmente ansía el propio Chucky, enterrar el cuerpo en el que está encerrado y poder adoptar el cuerpo de Andy y de paso librarse del infierno. Incluso en dicha escena podemos ver los relámpagos como un guiño a las escenas de vudú vistas en la primera parte.