Hay cineastas que no solo filman el miedo, sino que lo reformulan. Jaume Balagueró pertenece a esa categoría incómoda y necesaria: la de quienes entienden el terror no como un catálogo de sustos, sino como un lenguaje en constante mutación. Desde que irrumpiera a finales de los noventa con Los Sin Nombre, su cine ha transitado por lo atmosférico, lo visceral y lo conceptual, hasta cristalizar en un hito contemporáneo como [·REC], codirigida junto a Paco Plaza, una obra que no solo redefinió el found footage europeo, sino que atravesó fronteras hasta generar su propio eco en la industria estadounidense.
Su paso por la muestra Aeterna nos dio la oportunidad de hablar con él.
Eres uno de los artífices de [·REC], una de las grandes películas de terror de la historia, y de las pocas españolas que ha tenido remake estadounidense. ¿Cómo te sientes al respecto?
Muy contento. Sobre todo por el hecho de que una cosa que nació como un experimento apasionado entre dos amigos, que podría haberse convertido en nada, se convirtió en algo que fue muy importante. Entonces eso siempre lo guardaremos como algo maravilloso que nos sucedió a Paco Plaza y a mí.
¿Lo ves como una medalla de la que presumir, o una sombra tan grande de la que es difícil escapar?
No, yo creo que no es una sombra de la que sea difícil escapar. De hecho, creo que ya hemos escapado; hace tiempo que se quedó atrás la peli, aunque sigue ahí presente. Ya llevábamos una carrera tanto Paco como yo, y hemos seguido en trayectorias muy diferentes. ¿Y una medalla? Bueno, más que una medalla, el orgullo de haber sido partícipes, junto con muchas más personas, de algo que ha sido importante.
¿Qué recurso del cine de terror te parece hoy agotado?
Bueno, no te sabría decir. Yo creo que no hay recursos agotados; es cómo los usas. Las herramientas no se agotan, lo que se agota es el uso que hacemos de ellas. Es saber escoger las herramientas adecuadas en cada momento y darles el uso adecuado para cada proyecto y para cada intención que uno tiene.
¿Y uno que siempre te funcione, por mucho que se use?
La música como recurso siempre funciona. Es decir, puedes usarla para inquietar, para desconcertar, para asustar puntualmente con un sonido fuerte que te saca del momento donde estás… pero es un recurso que funciona siempre. A veces es hacer el esfuerzo sobrehumano de decir: “oye, no vamos a poner aquí una música que nos inquieta, porque no hace falta”. Eso es algo que a veces hay que hacer.
El ejercicio de [·REC] fue maravilloso porque decíamos: “hostia, vamos a hacer una película que no tiene música”, porque es real, es una telerrealidad. Y es verdad que muchas veces pensamos: “esto funcionaría mucho mejor si lo apoyamos con una música que nos va llevando por los pasillos por los que queremos que nos lleve”, pero no la usas y sigues yendo por esos pasillos. Al final es un ejercicio de descubrimiento: a veces las cosas no son tan necesarias como uno cree.
¿Qué escena de alguna de tus películas crees que funciona por un motivo que nadie ha señalado en entrevistas o críticas?
No sé si hay escenas que funcionan por un motivo que nadie ha señalado. Lo que te podría decir es cosas que a mí, como creador y director, me resultan fascinantes al hacerlas y que luego no han sido recibidas de esa manera.
Por ejemplo, en Musa, basada en la novela de Juan Carlos Somoza, La Dama Número 13, hay elementos que a mí me volvían loco y que están muy inspirados en la novela. Pero hacia el final de la película, cuando adquiere tonos de pura tragedia griega, eso es algo completamente premeditado: una mutación hacia lo literario. La película va de literatura y se va convirtiendo en literatura.
Eso es algo que nadie supo apreciar en su momento, y es un dolor con el que moriré. Por ejemplo, los diálogos entre las musas y el personaje —o entre ellas— se vuelven metaliterarios y metacinematográficos: hablan directamente del final de la historia y de los propios mecanismos narrativos que están interpretando. Se convierte en un ejercicio de metaliteratura maravilloso que no se supo apreciar. Pero es una opinión, ¿eh? Igual no tengo razón.
Me parece que es de las más infravaloradas de tu carrera, pero no tienes peli mala en mi opinión.
Muchas gracias.
¿Crees que el verdadero terror está más cerca del silencio que del sobresalto?
Sí, posiblemente. Lo que pasa es que el verdadero terror siempre nos va a sorprender con manifestaciones distintas. Es muy fácil decir “el verdadero terror es el silencio”, y es verdad —yo lo creo—, hasta que un día el verdadero terror venga en forma de ruido. Entonces dirás: “hostia, no necesariamente era cierto”.
Siempre encontraremos una fórmula nueva, pero sí es verdad que a veces menos es más.
¿Hay alguna idea para una película de terror que hayas decidido no filmar nunca porque sientes que sería demasiado personal o incómoda?
No.
O sea, que todo lo que has querido filmar, que se te ha pasado por la cabeza, lo has filmado, ¿no?
Sí, creo que sí. De hecho, he dudado en cosas y aun así las hemos filmado. Pero hay cosas que han pasado desapercibidas.
En Venus hay una escena en la que aparecen unos apóstoles que vienen de otra dimensión para el momento en el que se va a producir la encarnación del demonio en una niña. Esos apóstoles se sientan en círculo, la niña está en medio rodeada de sangre, y hay unos tentáculos lovecraftianos debajo de las sillas —como penes vivientes— que se abalanzan sobre ella. Es algo profundamente perturbador, pero no pasa nada porque la gente ni se enteró.
Ese es el dolor del que hablaba antes: haces cosas fascinantes o perturbadoras y el público se fija en otras.
Hablando de Venus, nos pareció curiosa la elección de Ester Expósito, que venía de Élite. ¿Cómo os decidisteis por ella?
Porque para hacer una película de terror no necesitas a alguien que haya hecho terror. Nos encontramos con ella, leyó el guion y le encantó. Era un reto, y los retos me parecen muy interesantes.
Ponerla en situaciones tan radicales, tan violentas, era un desafío, y eso nos gustó. Además, baila muy bien, y necesitábamos a alguien que bailase bien porque, en el fondo, es una película de baile.
¿Qué detalle cotidiano —algo aparentemente banal— te resulta profundamente inquietante?
Muchas cosas. Me inquietan constantemente cosas pequeñas, muy terrenales. Ahora mismo no sabría decirte una concreta, pero es algo que me pasa todo el tiempo.
¿Cómo ha cambiado tu percepción del terror a lo largo de los años desde que empezaste con Los Sin Nombre hasta ahora? ¿Hay algo que te diera miedo al principio y ahora no? O al revés.
Uno cambia, el mundo cambia y el cine cambia. Recuerdo que de pequeño me daban muchísimo miedo las películas de zombies, me aterraban. Ahora me resultan indiferentes.
Puede ser porque he cambiado, porque soy mayor… O porque hay tantas que te has vacunado contra eso. Antes eran algo extraño; ahora están por todas partes. Y con los años, cuesta más sentir miedo.
¿Hay alguna película de los últimos años que te haya llegado a dar miedo?
A veces el miedo no depende solo de la película, sino del contexto. Recuerdo estar solo en casa una noche viendo el remake de The Ring, que es extraordinaria. Me dio muchísimo miedo. En mitad de la película sonó el teléfono una vez y no era nadie. En otro momento te daría igual, pero ahí, a oscuras, viendo una película en la que también hay una cosa de teléfonos, todo se magnifica. La película da miedo, pero sobre todo me dio miedo por el entorno de ese momento.
Y luego hay otra película que es muy interesante y me da mucho miedo: Wolf Creek. Me da miedo porque me gustan los personajes, y cuando empiezan a cargárselos, sufro. Y al importarme ellos, tengo miedo de que les pase algo.
Cuando normalmente en un slasher es al revés —vas para que maten gente—, aquí sucede algo fascinante.
Personalmente no me llegaron a importar mucho, pero es una buena película.
Probablemente me importaron a mí por ser yo. A veces eres tú. A mí en ese momento me parecieron importantes. Es verdad que la película juega muy bien sus bazas, porque durante los primeros 30-40 minutos no sucede nada: simplemente acompañas a esas personas en su viaje por Australia para conocerlas, y cuando ya les conoces mucho, empieza el calvario. Y eso funciona.
Y ya por último, los fans del género te echamos de menos. ¿Tienes algo en mente, o vas a rodar próximamente?
Sí. En noviembre empiezo el rodaje de una película que tiene algo de género, Hay alguien en el jardín. No es exactamente una película de género, o es una película de género con sorpresa, pero es también de género.
Y estoy preparando otra película que es un thriller muy oscuro que sucede en Madrid, y luego estoy desarrollando una serie muy de género.
Muchas ganas de verlas, muchas gracias.
Muchas gracias a ti.

