Todo por Jackson está dirigida por Justin G. Dyck, cuya carrera se ha construido casi por completo sobre romances navideños y producciones de tono amable. Por eso su salto al terror desconcierta. Y, al mismo tiempo, se agradece.
La historia sigue a una pareja de ancianos, interpretada por Julian Richings y Sheila McCarthy, devastada por la pérdida de su nieto. En lugar de sobrellevar el duelo jugando al dominó con amigos o asistiendo como público a programas de televisión, deciden hacer todo lo posible por traerlo de vuelta. Incluso si eso implica entrar en un club de adoradores de Satanás.
El plan es claro: realizar un ritual para introducir el alma del niño en el cuerpo de un bebé no nacido. Un diez por el empeño. Un cero por las formas.
El problema es que algo sale mal. A raíz del error, no invocan lo que esperan, sino una serie de almas torturadas que convertirán su casa en un auténtico infierno. Y aun así, ellos siguen empeñados en culminar su objetivo.
Todo por Jackson se transforma entonces en un tren de la bruja malsano y tenso que no levanta el pie del acelerador hasta el final. Entre tanta incomodidad, aparecen un par de momentos cómicos que funcionan como pequeño respiro antes de volver a sumergirse en el mal rollo.
Es cierto: el terror geriátrico ya no es una novedad y los rituales demoníacos son territorio habitual para cualquier aficionado al género. Pero aquí ambos elementos se combinan de forma sorprendentemente efectiva. La mezcla funciona. Y funciona bien.
Como curiosidad, conviene señalar que la película se adelanta a la reciente oleada de títulos centrados en devolver la vida mediante algún tipo de rito, como The Offering, From Black, The Surrender o Devuélvemela.
No reinventa el género. Tampoco lo pretende.
Pero si te apetece descubrir una pequeña joya oculta y llevarte más de un buen susto, Todo por Jackson es una apuesta más que recomendable.
