Hay cineastas que no solo cuentan historias, sino que dialogan con aquello que las originó: el mito, la tradición, el territorio. En el caso de Paul Urkijo, ese diálogo nace directamente de la raíz, de un imaginario profundamente ligado al folclore vasco y a una sensibilidad que entiende lo fantástico no como evasión, sino como una forma de verdad. Entre dioses nocturnos como Gaueko, figuras primordiales como Mari o presencias inquietantes como Akerbeltz, su obra se mueve en ese espacio difuso donde lo ancestral y lo cinematográfico se encuentran.
A lo largo de esta conversación dentro del marco del Aeterna Madrid, Urkijo reflexiona sobre la representación de lo invisible, la transformación constante del mito y el reto de trasladar al lenguaje del cine aquello que, en esencia, pertenece a lo intangible. También hay espacio para sus influencias —de H. P. Lovecraft a Guillermo del Toro—, su relación con el paisaje, y su visión de un cine que no teme abrazar la belleza de lo monstruoso. Porque, en su universo, lo sagrado, lo maldito y lo fantástico no son categorías opuestas, sino partes de un mismo misterio.
¿Qué criatura o ser del folclore vasco te ha fascinado desde siempre?
Buah, yo creo que muchos. Gaueko, por ejemplo, que es el dios de la noche, es uno de mis favoritos. Es como el rey de la noche, y en su seno viven toda clase de criaturas y demonios. Siempre ha tenido ese aspecto oscuro que me ha fascinado. Y luego, por supuesto, la diosa Mari, que es la jefa del corral. Tiene la capacidad de transformarse en todo y es la madre de todas las criaturas.
Estamos aprendiendo mucho de folclore vasco gracias a tus películas. ¿Hay alguna leyenda vasca que te gustaría adaptar pero sientes que el cine aún no sabe cómo representar?
Tengo ideas para otras historias, lo que pasa es que no te las puedo contar porque haría spoiler. Pero sí es verdad que incluso en las que ya he hecho siempre hay un momento de “vale, ¿y esto cómo lo hago?”. Cómo representar la oscuridad, ciertos conceptos, o por ejemplo cuando aparece Akerbeltz en medio de un aquelarre. A nivel visual tienes que romperte mucho la cabeza, porque en los cuentos muchas veces son cosas abstractas: las criaturas representan fuerzas de la naturaleza. Ahí hay que trabajar mucho la forma. Las que vengan después ya os las contaré.
¿Dónde crees que termina lo fantástico y empieza lo sagrado en las historias que cuentas?
Yo creo que lo sagrado es fantástico. Para mí Jesucristo es un personaje mitológico fascinante, con superpoderes y que hace cosas fantásticas. Entonces, para mí lo sagrado y lo maldito están en el mismo espectro de lo fantástico.
¿Hay alguna criatura, en general, de la que quisieras hacer una película?
Tengo intención de hacerlo. Me gustaría explorar otras mitologías, dentro de la península y también fuera. Por ejemplo, la mitología griega me encanta. Pero también creo que es mejor hablar de lo que conoces bien. Yo, como vasco, conozco la mitología vasca y sé cómo tratarla sin caer en tópicos. Cuando te acercas a otras culturas, tienes que documentarte muchísimo para ser respetuoso. Pero ganas tengo muchas.
¿Hay algún paisaje concreto del País Vasco que todavía esté esperando su película?
Todavía no he hecho nada en el mar. Y bueno… En ello estoy, no te cuento más (risas).
Cuando adaptas una tradición oral, ¿en qué momento decides que debe “traicionar” la fuente para que funcione como cine?
¿Qué es traicionar la fuente cuando un mito está en constante transformación? No hay ninguna historia fija. Ni siquiera la Biblia, que ha cambiado con los concilios. Las leyendas se adaptan cada vez que alguien las cuenta. Por eso, cambiarlas no es traicionarlas, es darles vida. Hay que contarlas desde el presente. Lo bonito de los mitos es que siguen vigentes porque se transforman y hacen que la gente se vea reflejada en ellos.
Un amigo me dijo que eres el Robert Eggers español, y estoy de acuerdo, sobre todo tras la versión en blanco y negro de Gaua. ¿Te gustaría rodar directamente en blanco y negro?
Hice un corto que se llama Dar Dar en blanco y negro, y me encantaría rodar así. Me fascina, sobre todo cuando hay mucha textura. Mis historias son barrocas, llenas de textura, asfixiantes… y el blanco y negro potencia eso. Me halaga que me comparen con Robert Eggers, porque me encanta lo que hace. Creo que tenemos gustos similares, pero la aproximación es distinta. Él es más oscuro, más turbio, más pesadillesco. Yo intento emocionar, mostrar la belleza detrás de los monstruos.
En cuanto al tratamiento de los monstruos, recuerdas más a Guillermo del Toro. ¿Cómo llevas que diga que eres de los mejores realizadores actuales?
Te puedes imaginar… Es una maravilla. Que uno de tus referentes diga eso es una gozada. Además, es alguien con quien me siento muy identificado. Le da un valor enorme a lo fantástico, dignifica un género que a veces se trata como algo menor, cuando es uno de los más poderosos que existen.
¿Has recibido alguna llamada de Hollywood?
Hubo alguna vez que me tantearon. Me ofrecieron una tercera parte de una franquicia bastante menor, pero yo estaba empezando con Irati y decidí quedarme. Mi tierra me importa más que Hollywood.
¿Tienes intención de salir de las historias del País Vasco?
Sí, he tenido conversaciones, pero aún no ha surgido nada.
¿Te interesa más el miedo a lo desconocido o la nostalgia por un mundo que ya no existe?
Soy más lo segundo. Mis historias son muy nostálgicas y románticas, hablan de tiempos pasados. Pero creo que el terror a lo desconocido es más interesante, aunque no sea lo que yo suelo explorar.
¿Qué autores literarios te han influido más?
Lovecraft fue clave. En la universidad me leí toda su obra y la de otros autores dentro de su universo. Siempre me ha fascinado y me encantaría hacer algo lovecraftiano.
Si pudieras filmar una historia mitológica sin mostrar nunca a la criatura, ¿cuál elegirías?
Es complicado, porque a mí me encanta enseñar los monstruos. Siempre pongo el ejemplo de Alien y La Cosa. Son dos obras maestras, pero a mí me influye mucho más La Cosa, porque el horror está en lo que ves. Las transformaciones son tan brutales que generan un vértigo increíble. En Alien, cuando ves al monstruo, pierde fuerza. En La Cosa, ocurre lo contrario. Aun así, me encantaría hacer algo sobre el mal amorfo, algo oscuro donde no se vea qué es el mal. Aunque a mí, en realidad, los monstruos me caen bien.
Si dentro de cien años alguien descubre tus películas como documentos antiguos, ¿qué dirían sobre nuestra relación con la naturaleza?
Verían a alguien fascinado por la naturaleza. Siempre ruedo en el bosque, es un entorno donde me siento muy cómodo. Ahí todo está lleno de personajes: árboles, musgo, setas… Desde niño me ha atraído ese mundo. Soy bastante asilvestrado.
¿Qué le dirías a alguien que quiere empezar en el cine y no sabe cómo?
Que lo más importante es tener algo que contar. Identificarlo y aferrarse a ello. Todo el mundo tiene algo valioso que decir. Y luego, paciencia. Es un camino largo. Hoy todo es más inmediato, pero aun así hay que avanzar poco a poco sin perder de vista lo que te apasiona.
¿Hay alguna película reciente que te haya dado miedo?
Últimamente no muchas. La última que me dio mucho miedo, aunque no es reciente, fue Lake Mungo. Me dejó completamente helado. También me pasó en su momento con The Ring o Dark Water. Pero las actuales no suelen asustarme tanto.
¿Y alguna que te haya gustado especialmente?
Sinners, por ejemplo. No me dio miedo, pero me encantó. Es una película de vampiros de época, muy divertida, y además tiene un amor muy bonito por su cultura musical. Me parece una gozada.

