Crítica de Te Van a Matar (2026, Kirill Sokolov)

Te van a matar

Mucho se habla de John Wick, pero la verdadera precursora de este nuevo cine de acción centrado en la coreografía —y no tanto en el montaje— es The Raid. Un tipo de acción más orgánica, que permite ver con claridad qué ocurre dentro de planos largos, en lugar de recurrir al caos de cuarenta cortes por minuto. Y tiene sentido mencionarla aquí, porque Te van a matar funciona como una revisión de la mítica película de Gareth Evans, pasada por un filtro de terror y cachondeo slapstick.

Basta con ver cómo la película muestra su título en pantalla para entender que estamos ante una cinta dispuesta a derrochar chulería y estilo. Y eso es exactamente lo que hace durante hora y media. A medida que avanzan los minutos, la película gana en carisma: la música —tanto la banda sonora original como las canciones, estupendamente elegidas (¡suena Dead Man’s Bones, el fabuloso grupo de Ryan Gosling!)— se vuelve vibrante y épica, y el nivel de locura no deja de crecer. Y, por supuesto, están las escenas de acción, rodadas de forma juguetona, haciendo malabares con la cámara y llenándolo todo de zooms vintage y sangre, mucha sangre.

Puede que uno de los referentes más obvios del director sea Sam Raimi y su gore exagerado con vocación de broma, pero durante la primera gran escena de acción yo solo tenía en mente a Quentin Tarantino y Kill Bill. No solo porque la protagonista blanda una gran arma blanca con brutal maestría, sino por el tratamiento de la violencia, los diálogos, los efectos de sonido y, claro, la sangre propulsada a presión desde heridas imposibles. En realidad, toda la película parece beber más de Tarantino que de Raimi. Ahí están los flashbacks para contextualizar, los rótulos en pantalla, la música con ecos de western, los movimientos de cámara y, como dirían los jóvenes, el aura que desprende la inmensa Zazie Beetz, convertida aquí en una suerte de nueva Pam Grier escopeta en mano, lista para poner en su sitio a una panda de millonarios satanistas. Su personaje, Asia Reaves, también tiene mucho de la vengativa Novia de Kill Bill: alguien que ya viene de vuelta de todo.

El blaxploitation y el gun fu recorren las arterias de Te van a matar, así como cierto discurso social cercano al de Jordan Peele (los pobres sirviendo a los ricos, tratados literalmente como ganado que se sacrifica o se perdona según convenga). También se percibe el mismo espíritu grindhouse, sucio y festivo, que Quentin Tarantino y Robert Rodriguez desempolvaron en 2007 con Death Proof y Planet Terror. De haberse rodado una secuela de aquella doble sesión, Te van a matar podría —no, debería— haber formado parte de esa hipotética nueva dupla.

Te van a matar es una pequeña obra maestra rodada de la mejor forma posible: poniendo toda la atención en aquello que más interesa a su director, Kirill Sokolov, es decir, ofrecer un espectáculo cool y macarra. Algo que ya estaba presente en su anterior película, ¿Por qué no te mueres?, donde repetía estos códigos en un espacio aún más limitado. El guion cumple su función —que no es mucho más que llevarnos de una set piece a otra y justificar cada nueva masacre o giro delirante—, pero no importa: aquí hemos venido a ver tiros, golpes y puñaladas, y en ese sentido la película sirve exactamente lo que promete.

Otra de sus virtudes es lograr que acción y terror confluyan de forma natural, algo poco habitual. Estamos acostumbrados a ver terror mezclado con drama, comedia o incluso ciencia ficción, pero rara vez con acción pura. Podríamos pensar en Ready or Not (Noche de bodas) como un ejemplo cercano —otra historia de ricos jugando a matar—, pero aquí la fusión es más salvaje y frontal. Por un lado, tenemos una acción muy cuidada, con el placer físico de ver disparos y golpes bien coreografiados; por otro, un horror que abraza sin complejos lo fantástico y lo grotesco.

Te van a matar es, en definitiva, una virguería técnica ejecutada con un ojo preciso y un sentido del espectáculo endiablado. Una golosina diseñada para hacer feliz tanto al fan de John Woo como al de John Carpenter. Blaxploitation, terror, chambara, comedia, western… Todo cabe en esta demencial coctelera. Un regalo para quienes seguimos creyendo que el cine, por encima de todo, se inventó para esto.

Por Narciso Piñero

Me alimento de cine, libros, tebeos y buena música. Autor de dos novelas: Juggernaut y Jugando con Claudia. Escribo críticas y artículos de cine donde me dejan.

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