El found footage ha sido ese subgénero del cine de terror que, pese a parecer estar siempre al borde de la extinción, logra reinventarse de forma periódica para ofrecer a sus incondicionales una nueva dosis. Desde que La Bruja de Blair (Daniel Myrick & Eduardo Sánchez, 1999) se convirtiera en un fenómeno de masas y redefiniera la forma en la que la industria entendía el marketing, nunca han faltado los escépticos que han vaticinado periódicamente la pronta caducidad del formato, sin embargo, aquí estamos casi tres décadas después pudiendo afirmar que el subgénero está más vivo que nunca. Bodycam (Brandon Christensen, 2025) no reinventa la rueda, ni pretende hacerlo, pero logra ofrecernos 75 terroríficos minutos en los que seguiremos las andanzas de dos agentes de policía a través de sus cámaras corporales.
La propuesta de Brandon Christensen es sencilla, dos agentes de policial deben responder a una en apariencia corriente llamada sobre abuso doméstico, la realidad a la que deberán hacer frente cuando lleguen al lugar de los hechos desencadenara una pesadilla de la que no podrán escapar. Bajo esta trillada trama el guion, obra del propio Brandon junto a Ryan Christensen, logra presentarnos pequeños trazos de una interesante mitología que ojalá podamos seguir explorando en futuros proyectos. El desarrollo de la historia se ve lastrado de forma irremediable por las limitaciones que presenta el found footage a la hora de explorar las ramificaciones de la historia, sin embargo, esto no impide que mediante algunos personajes secundarios la trama nos presente algunos elementos que enriquecen el conjunto. Los dilemas morales a los que se ven expuestos la pareja protagonista son tratados con inteligencia, dándoles el peso necesario a temas tan sensibles como la brutalidad policial o la discriminación sistemática, sin perder en ningún momento el ritmo narrativo necesario para mantener al espectador al borde de su asiento.
No todo es perfecto, a medida que avanza la historia, esta se ve arrastrada a una recopilación de lugares comunes que quienes somos asiduos a este tipo de películas estamos más que hartos de transitar, restando impacto a los giros narrativos y creándonos una constante sensación de déjà vu. La dirección de Christensen brilla más en los compases iniciales donde la tensión reina sobre el jump scare barato, una lástima que a medida que la historia amplía su mitología parte de esta lúgubre atmósfera se pierda dando pie a algunas escenas donde las evidentes limitaciones de presupuesto impiden que el terror brille con todo el fulgor necesario para crear en el espectador un recuerdo memorable.
Jaime M. Callica carga con la mayor parte del peso de la trama, sin embargo es Sean Rogerson quien realmente ofrece una interpretación mucho más destacable de lo que uno podría esperar en un proyecto de estas características. El uso de las cámaras corporales de ambos agentes, así como algunos recursos visuales empleados a lo largo de la historia, funcionan de forma solvente y no son una mera excusa empleada para generar expectativas que luego no serán cumplidas, la película no tiene miedo a la hora de mostrar y ofrece una resolución satisfactoria a gran parte de los enigmas que se plantean.
Es muy posible que Bodycam pase sin pena ni gloria y termine enterrada entre la avalancha de proyectos que se estrenan cada año en plataformas, sin embargo, si eres aficionado al found footage o simplemente quieres desconectar con una historia bien contada merece la pena que le des una oportunidad a una cinta que está bastante por encima de la media de proyectos que se estrenan todos los años.

